Conócenos

Soy Carlota González

Tengo 39 años y durante años desarrollé mi carrera como ingeniero industrial en el mundo corporativo. Sin embargo, al convertirme en madre en 2017, mis prioridades cambiaron y empecé a mirar la vida desde otra perspectiva.

Con la maternidad descubrí una necesidad que compartíamos muchas familias: encontrar un lugar donde los niños pudieran jugar y los adultos también disfrutáramos de la experiencia.

La realidad era que estaba harta de los parques de bolas tradicionales: espacios de plástico, ruido e hiperestimulación, donde los niños acababan agotados y los adultos apenas encontrábamos un rincón agradable en el que sentarnos y mucho menos tomarnos un buen café. Sentía que tenía que existir otra forma de disfrutar del tiempo en familia.

Así surgió la idea de un espacio diferente: un lugar bonito, acogedor y cuidado, donde el juego fuera libre y respetuoso, donde los niños pudieran explorar con seguridad y los adultos encontraran un ambiente en el que relajarse, conversar y disfrutar de un café de calidad.

Durante un tiempo pensé en emprender en solitario, pero no nos engañemos, el camino es duro y no sabía ni por dónde empezar.

Un día, a través del chat de padres del colegio, la vida me dio la oportunidad de unirme a Kathy, coger el relevo de Adri (la socia fundadora de este proyecto) y así pasar a formar parte de La Tribu, un proyecto precioso, que ofrece un espacio donde niños y adultos disfrutan por igual y donde cada detalle está pensado para que el tiempo compartido sea realmente especial. Porque creemos que cuidar de la infancia también es cuidar de quienes la acompañan cada día.

Soy Katherine Casas

Tengo 39 años y siempre he sentido una gran pasión por la educación (en el amplio sentido de la palabra) y una gran ternura y respeto por los niños y personas mayores. Con mi maternidad sentí (como muchas madres) que mi profesión no me llenaba, por lo que decidí dejarla y empezar a formarme en Educación Montessori, donde encontré una filosofía que encajaba mucho más con mi forma de ver la educación y sobretodo con una mirada de profundo respeto y comprensión hacia ser humano en todas sus etapas.

De aquí surgió mi necesidad de crear un espacio donde tanto niños como adultos, además de pasárselo bien, pudieran ser tratados como se merecen: con respeto, amor y comprensión. Y en esta búsqueda, nuestros caminos se cruzaron y poco a poco fuimos creando las sinergias necesarias que nos llevaron a ser socias y poder compartir esto que tanto nos apasiona.

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